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Realidad Laboral


El Panico Laboral

De acuerdo con la Oficina de Estadística Laboral de los Estados Unidos de América, los trabajadores con una preparación universitaria tienen niveles de ingresos económicos superiores a quienes no la reciben. Las ganancias semanales de quienes ostentan títulos universitarios varían de US$ 937 a US$ 1,421, dependiendo su grado de especialización (licenciatura, maestría, doctorado). En cambio, los salarios semanales de aquellos que no asistieron a la universidad, con una formación básica o media, ronda los 583 dólares (Bureau of Labor Stadistics, 2007). Sin embargo, en este como en muchos otros aspectos la situación en Republica Dominicana se diferencia de la norteamericana, donde la falta de oportunidades en el sector laboral obliga a los profesionales a dedicarse a tareas para las cuales no han sido instruidos. En Santo Domingo es común encontrar profesionales y especialistas en Ciencias Políticas, Sociología, Comunicación, Magisterio o Educación, Psicología y hasta Abogados desempleados o realizando funciones ajenas a su campo de especialización. Es por esto que, a diferencia de otros países, en Republica Dominicana una buena preparación profesional-intelectual no es sinónimo de mayores ingresos que se traduzcan en bienestar socio-económico.

La falta de oportunidades laborales obliga a los jóvenes a emigrar en búsqueda de mayores entradas económicas. Forzados por esta realidad, viajan a otros países donde las remuneraciones son mas altas, para dedicarse, en un principio, a labores domesticas, de construcción y en el peor de los casos a la prostitucion. Sin embargo, se ha registrado que luego, los emigrantes dominicanos logran escalar puestos mas altos, sobre todo en la Política y el Derecho, y a destacarse en las artes. Como ejemplo de esto se destaca Junot Díaz, quien con su obra La breve y maravillosa vida de Oscar Wao, se hizo merecedor del Premio Pulitzer 2008. Otros como Kat Luna, Zoe Saldaña, Dania Ramírez han alcanzado el éxito en el séptimo arte. Julissa Ferreras, Juan Castillo, Miguel Martínez, Nelson Castro junto a muchos otros se han alzado con títulos de concejales y asambleístas. Es por esto que, inspirados en estas historias de éxito, la juventud dominicana no visualiza su futuro en el país, sino que prefieren buscar en otros lugares lo que su tierra no les puede ofrecer, oportunidades para destacarse y alcanzar sus aspiraciones individuales.

Por otro lado, muchos profesionales ven frustrados sus anhelos cuando ingresan al mercado laboral dominicano. Es decir, quienes deciden permanecer en el país, se ven condenados a vivir con salarios que no se corresponden ni con el esfuerzo ni con la profesionalidad del trabajo que realizan. Y es que, después de mas de catorce años de preparación académica básica y media y de tres o cuatro años de formación profesional en la universidad, los profesionales tienen que conformarse con sueldos mediocres con los que no pueden enfrentar la alta carga impositiva exigida por el Estado, ni las facturas de los servicios básicos. Esto se debe a que en nuestro país debemos sumar a esta ultima categoría, gastos en educación, salud, y transporte ya que, lo suministrado por el Estado en estas áreas es en extremo deficitario y de tan baja calidad que de hacer uso de ellos, un individuo con formación profesional se sentiría abochornado y humillado, pues constituyen una ofensa hacia la dignidad del ser.

Sin embargo, no todos deciden dedicarse a lo legal, a lo honesto y a lo justo, sino que, impulsados por las ambiciones y deseos de progreso, propias del ser humano, prefieren consagrarse como profesionales en otros ámbitos como el crimen, la estafa y el fraude. Hoy día, vivimos la realidad del narcotráfico, que carcome el seno de nuestra sociedad. Con los recursos obtenidos de este comercio ilícito, estamos siendo testigos de cómo nuestras ciudades crecen cada vez más. Es por esto que, hoy presenciamos la construcción de nuevas y modernas torres, edificios profesionales y dealers de vehículos, cuyos recursos son de origen inexacto, es decir, no sabemos con seguridad la fuente que provee los fondos para realizar tan ambiciosos proyectos.

Cuando un Estado no es capaz de ofrecerles a sus ciudadanos las oportunidades para desempeñarse en su área de especialización y recibir por esto las remuneraciones adecuadas, entonces estamos hablando de un Estado propio de una sociedad triste y de un país arropado por el crimen y la desorganización. La migración y los altos niveles de criminalidad, no se combaten con sanciones, condenas o penas, si no con oportunidades para desarrollarse como individuos dignos, decentes y justos. Los dominicanos hemos sabido demostrar que cuando nos lo proponemos podemos superar las deficiencias de nuestro sistema. Es momento de invertir en fuentes de empleos para poner a producir aquellas manos perdidas, que por falta de oportunidades han variado su destino. Manos, que pudieran hoy estar aportando desde su campo de servicio, valores y recursos para la construcción de una sociedad decente y de individuos orgullosos de pertenecer a ella. Espero que cuando las autoridades comprendan la situación tal y como es señalada en estas líneas, no sea muy tarde, porque de lo contrario, lo que nos espera es un largo periodo de depresión económica, que podría traducirse a insatisfacción y frustración ciudadana.

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